domingo, 30 de noviembre de 2014

Quién habló de necesidad

Como si no fuera suficiente el estar lejos de tu olor característico; rodearte de sentimientos que no pegan contigo, de personas que se acercan porque ven algo detrás de ti que les gusta. Como si no fuera suficiente no poder desplomarse sobre esa manta que conoce tan bien tus formas, la forma de caer tus lágrimas sobre la curva que tienes por debajo de los ojos. Salir de casa leyendo y tropezarte siempre contra la misma farola, porque no la reconoces, no debería estar ahí, aunque bueno, tampoco existiría esa calle, esos baldosines, ni todas esas caras que te miran como si te conocieran, aunque en realidad es ver amenazada tu fortaleza. Que más da si todo eso que no entraba por los oídos se ha clavado directamente entre las conexiones neuronales, como los cuchillos entrando a matar en un asesinato, tan fácil como resquebrajar los muros que nos separaban antes. Aunque ahora es otra historia completamente distinta, ni siquiera esta en el mismo estante; no recuerdas ni de donde ha salido, pero ahí amenaza, desde la mesilla de noche. Dichos momentos en los que entiendes las risas de una noche, el no acordarse de los sentimientos, porque por alguna extraña razón siempre atentan contra ellos, como si el que los tiene en vez de ser el más bueno, sea el diablo de la tierra en paz. Que ironías. Estar en Tierra de nadie, porque no estás allí, porque realmente los vacíos necesitan llenarse, porque es ley, nadie deja un espacio vacío si es capaz de llenarlo (y no con ausencias, precisamente); pero aquí tampoco estoy, no me encuentro entre todas estas partículas que suponen llamarse "vida nueva". Sí, una verdadera risa, aunque a tal velocidad a la que quiere escupir, lo único que me sale es llorar.

domingo, 19 de octubre de 2014

El mundo se derrumba, y nosotros ... bueno, nosotros caemos con él.

Creo que a veces no estamos con las personas por elección, por cariño o por amor. A veces es simplemente porque nos encuentran entre la incertidumbre, el miedo y el desgarro de los sentidos. Cuando ya no podemos más y de frente solo nos encontramos con nuestros más viejos fantasmas, esos que creías que se habían perdido en la carretera de vuelta. Y de repente, esa persona consigue encontrarte, que nadie se lo había pedido, que no se da cuenta en qué momento de tu vida estas, pero que te acepta con tus caras por la mañana, y lo peor de tus noches heladas; sin pedirte explicaciones, ni de dónde vienes, o en qué kilómetro perdiste todas esas sonrisas que te caracterizaban. Todo eso por lo que tus fantasmas te ponían de frente a la pared, es todo aquello por lo que esa persona te quiere, porque no tienes que intentar ser diferente, o fingir que haces las cosas bien cuando en realidad de lo único que tienes ganas es de hacerlo mal, de elegir el camino que te han dicho que está prohibido, de renunciar a ser lo que esperan que seas. Y todo eso, la no elección, el latido incontrolable, los gemidos y las risas antes de estallar sobre el charco de tus lágrimas; te traen algo tan bueno que te sientes fuera de la realidad.
Después de todo el daño, de las pistas manchadas con incomprensión, con insultos, con vacíos en los labios; con todas las cosas que podrían haber sido y decidiste que no fueran. Después de todo eso decides ser feliz, y encontrarte; por que ya esta bien de ver difícil lo que deberían ser rosas, con espinas ; no espinas que de vez en cuando dejan sobrellevar una rosa casi imposible de ver.


Cuando pensabas que la tormenta iba a llevarte por delante, la calma te susurra la clavícula y mejorar no resulta imposible. 

domingo, 12 de octubre de 2014

Ni siquiera el texto le hace justicia al resumen de

Es cierto que podría (o debería) ser una tormenta; un incendio en el peor momento, en medio del océano ; un volcán incapaz de ser extinguido, que arrase con todo y contra todos los sentimientos. Pero para mi suerte de cinco hojas y media y mi más pura desgracia entre mordidas que saben a dulce quemado; soy extremadamente hielo; hielo que quema pero que congela todo lo de alrededor; o bueno, eso intento cuando se exactamente donde debería estar y no estoy. La eterna lucha entre el deber ser y el (irremediablemente) es. Y aqui me tienes otra vez al otro lado de la cuerda, arrancandola a trozos con los dientes, rasgados y rotos; porque no es el mejor momento,  y el lugar no me ha llamado. Viene todo eso acosandome contra la pared, si si, todo eso que bautizamos como "intocable" pero que muero de ganas de sentir contra la piel, los impulsos nerviosos que te rasgan la superficie, vaciandola de toda capacidad mental, se juegan a pares y nones las neuronas; y las más estúpidas (y con más suerte) ganan y ya no hay nada que hacer.
Que no doy estabilidad y nadie la encuentra bajo los ojos, que tampoco entiendo de que color son, pero que poco me importa, si entre tanto movimiento de suelo enloquecido por suspiros; no se entiende ni que dibujan mis pestañas cuando me estás mirando.
Venga, bueno, no te ralles que el tiempo todo lo()cura, y si no te vuelves loco, yo me encargo personalmente de encontrarte las cosquillas bajo mis costillas.
Aunque realmente, lo único que necesito, es tu voz, incapaz de marcharse, jurando irse, riendose del futuro y sus tontas promesas ya cumplidas sin necesidad de explicaciones.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Sigo sin entender este mundo sin tus brazos sobre mi cuerpo.

Y con un corazón por estómago, y las trizas que se clavan. Y no entender qué es lo que más miedo te genera si tus tripas, o su corazón. Podría hablarte de  tu olor clavado en mis raíces, que caen en cascada por mis hombros, esos que con el contacto de tu piel se sienten sobre las baldosas de mi lugar favorito. Aunque quién necesita letras a estas alturas, y frases construidas de la nada, si la nada somos, y a la nada nos volvemos. Supongo que de viajes va la cosa, de no tenerte susurrandome la piel como si cosieras con suspiros el escalofrío que me recorre el cuerpo a la velocidad de ese halo de lucidez que llaman corriente eléctrica. De tus labios tatuados como si no quisieran marcharse, y que no les quitaran el sitio, porque nadie entendería tan bien mis puntos débiles como tú que has escuchado cada una de las células que me forman. Y ahí sigues, mirándome como si pasara algo en el mundo si yo no estuviera, como si la raza humana careciera de humanidad sin mis mordidas en el labio. No se donde encontrarte y sabré perfectamente que te encuentro en cualquier recoveco de mi mente, de mis subidas de tensión, del frio en las venas por no poder decirte que necesito un abrazo, y que otras articulaciones interesadas, no me valen. Tú que eres parte de mi historia, o el rey de mis mordidas en el cuello, de mis quebraderos de cabeza, y la mayor tranquilidad de mi vida. El no esperar nada, por saber que tú me esperas a mi, con los chistes guardados bajo la sudadera, y un trillón de estrellas cayendome por la cara, aunque parezcan lágrimas de huida, simplemente son las letras que forman ese tatuaje que ya no me podré quitar, tus huellas dactilares encontrandome cuando más perdida me tenía. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Que difícil es enfrentarse a los sentimientos. Quiero decir, de verdad. Hablo de plantarse cara a cara a las cosas que nuestro estómago no reconoce y decir : "Vamos a ver, diga nombre y apellidos" Porque en vez de eso nos dedicamos a esconderlo detrás de un triste florero donde la flor cada vez se marchita antes; y cuando nos damos cuenta de que ya es hora de intentar enfrentarlo tenemos paredes de hormigón superpuestas, y lo que tan fácil es construir, es otra cosa derruir. Con pico y pala no siempre es suficiente, no hay espacio para tanto hormigón. La puerta esta cerrada. El ascensor estropeado. Y el contenedor hace tiempo que se mudo de barrio, cansado de tanto tragar hormigón mezclado de cosas absurdas. Nos enfadamos con nosotros mismos y nuestras espaldas porque no tuvimos el valor suficiente para darnos cuenta de lo que pasaba a nuestro alrededor. Porque muchas veces, preocupados por el ombligo de otro se nos olvida que a nosotros también nos hicieron llorar. Y cuando te miras, te das cuenta de que tus zapatos ya no clavan las mismas huellas de siempre, estan llenos de barro y de miedos, sobre todo de miedos. Porque al miedo es a lo único que hay que temer. Nada es más capaz de hacernos arrodillar que el propio miedo riendose en nuestro lóbulo, sabiendose dueño y señor de la situación; porque huele en tu cuello que le tienes miedo, que sabes de su poder y lo que ha hecho en otros. Y te tiemblan las piernas. Las manos resbalan. La cabeza da vueltas. El diente muerde. La sonrisa calla.
Y cuando te enfrentas, que sea con la seguridad de que si alguien tiene que perder, ese no vas a ser tú.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Brindo por todas aquellas cosas por las que dije : " yo nunca" ; por los abrazos que no me supieron a nada y de pronto me hicieron entenderlo todo; por las risas de madrugada en cualquier calle de la ciudad tras encontrarnos en el fondo de una botella llena de promesas rotas; brindo por los besos que solo entendian de soledades necesarias y que nunca tuvieron constancia en mi cabeza, que se eliminaron  por falta de espacio. Por las sonrisas apagadas de un momento malo, por saber de que manera había que encenderlas. Brindo porque pudimos aprender de lo malo, comernoslo y que no nos repitiera entre susurros y caricias; porque las heridas se cierran, y hay cicatrices que quedan bonitas si las miras de cerca. Porque hay cicatrices necesarias y al tacto son preciosas sobre tu espalda, con alguna historia que contar y un montón de gritos que no entendía. Porque un día tuve miedo de perderte sin haber conocido lo que perdía; sentia la angustía de tus malas caras; y la historia es diferente y no se porque página empezar a leerte. 
Brindo porque creo que despiertas cosas buenas, porque quiero conocer los malos pasos de tus zapatos, los instintos de tus fracasos. Brindo porque se me acabo la copa antes de tiempo y me di cuenta de que no me gustaba tragarme los problemas antes de escupirnos. Brindo porque meto la pata antes de empezar a caminar. En fin, porque hay amores que no huyen de la tormenta; porque la tormenta final, son ellos.

sábado, 1 de febrero de 2014

You are far from the usual

Ya no veo los amaneceres en tus pupilas, esas que llevaban tus ojos agotados del cansancio, luchando por no caer rendidos solo porque para mi amanecer era pronto para irse a la cama. No están tus malos días en mis nervios, incluso hace tiempo que tu risa ya no es la banda sonora de mis días de lluvia, de las cenas de más, de las sonrisas de un buen día. Cada vez más lejos sin ver realmente que es lo que esta cerca, un carretera inmersa de kilómetros que se reducen a 0, porque en nuestras cartas aún sigue el mismo remitente. Alomejor consumimos tantas horas juntas, puede que ya no haya tiempo en el mapa para más risas, aunque si lo haya para malas excusas, teléfonos que no hacen más que comunicar y el vacío de siempre. Un " luego te llamo" "ya te diré" ; futuros imperfectos que nunca llegan a resolverse; terceras personas que transportan el cuento de la lechera, que ya ni tiene leche ni nada, es un jarron de papel plástico que solo contiene la sombra de lo que un día fuimos. Y dicen que malas rachas tenemos todos, que todo pasa, pero a mi lo único que me pasa, es que me pesa; los cuentos, los malos momentos, y la preexistencia que no existe si no estás. Que por mi casa ya no pululan tus huellas en el parquet, y el cartón de leche no baja de la marca que le hice el día que te marchaste la última vez,  la risa sigue parada en ese instante en que te fuiste prometiendo volver; y el dulce ya no es tan dulce. Como si dejarás rastro al marcharte, unas marcas imborrables, como si se tratará de un mal trago del destino, un nudo en la garganta de estos que necesitas cortar porque no existe manera humana de deshacerte de él. Pero bueno, que importan las agujas del reloj, si aunque esté estropeado el tiempo sigue corriendo y yo te sigo echando de menos.

lunes, 13 de enero de 2014

Por encima de cualquier pero.

No es por no ser sincera, ni porque hace tiempo que descubrí que soy un poco rencorosa y no puedo evitar guardar lo que me ha hecho daño. No voy a decirte que te adoro, porque creo que es un cuento que ya te sabes; que veías mi cara de adoración cuando me leías por las noches; o las malas caras que convertías en sonrisas por las mañanas cuando me tapabas la cara hasta que decidía dejar de hacerme la dormida; la Pantera Rosa por las mañanas cuando te quedabas vagando por casa; o el bocadillo las tardes musicales. Que en mis cartas mentales tus frases se repiten constantemente como si de un disco rallado se tratase, y que nunca me cansaría de tus chistes malos sobre mis sarcasmos de adolescente. Lo que me miro en el espejo por las mañanas es lo que has hecho de mi a base de años, de daños, y de chocolate con churros las mañanas de los domingos. Que te voy a decir a ti que te ríes cuando me enfado, asegurando que volveré a caer en el mismo agujero de siempre, y siempre vuelves a recogerme cuando vuelvo a decidir que me tengo que levantar. Pero preciosamente por todo lo que se cuenta, y por todas las sonrisas que se guardan en un cajón; busque siempre tus miradas de aceptación como si el mundo se parara si a ti no te parecía bien. Y creo que sigo con mi vicio incansable de volver a ser pequeña, porque entonces era más yo, y tu eras más tú cuando estaba contigo. Pero bueno, dicen que son etapas de la vida.

sábado, 11 de enero de 2014

miércoles, 8 de enero de 2014

El final acaba encontrando su momento.

¿Por qué somos así? Quiero decir, capaces de joder el mundo y en menos de medio minuto resucitarlo sin dejar apenas una triste grieta de lo que fuimos; aunque en realidad, todo el mundo sea capaz de tapar las grietas con cuadros bonitos, y cuando menos te lo esperan el cuadro desaparece y ahí esta la grieta, tan viva como el día que el mundo saltó en mil pedazos o bueno, que tú misma lo saltaste, a la comba, o con una cadena difícil de romper. Nos cargamos todo lo que podemos y jugamos con cosas que no deberíamos. Como cuando eramos pequeños y mamá nos decía : " Con la comida no se juega"  y en ese momento la manzana con la que estabas haciendo malabares caía al suelo y nuestro intento de disimular quedaba tan expuesto que era imposible ignorarlo. Pero así jugamos con todo lo que nos importa, o mentimos diciendo que nos importa, porque nos engañamos a nosotros mismos, por miedo, por angustia y a veces, por soledad y nos quedamos con lo que no nos pertenece. Y lo que nos pertenece esta ahí, vagando por el limbo en busca de tu cerebro, si es que no se perdió entre tanta desilusión y algún que otro tarro de helado de chocolate.
Pero las cosas te duelen tanto como te hacen vibrar otras; pero los finales a veces quieren aparecer en el escenario y les da igual que no les toque actuar, han encontrado el momento y ahí están, brillando como nunca lo habían hecho.