martes, 8 de septiembre de 2015

Tomemos un café insoluble

Que fácil, y que difícil parece todo de repente. Sobre todo esa dualidad entre la imagen, y lo que realmente están viendo tus ojos. Aunque es paradójico usar en la misma frase "tus ojos" y "realmente" porque puede que tus ojos no vean con la claridad adecuada, o que cuenten al cerebro únicamente, lo que quieren que este sepa, su propia historia acabada.
 Todo sería más sencillo, si siguiera retorciéndome las manos después de una buena jugada a las cartas; saliera de su casa echando dos cerrojos, y se duchara con los ojos cerrados, antes de inundarse de todos los recuerdos que el agua trae consigo. Por suerte, o por desgracia, puedes recordar un olor a kilómetros, pero no recordarlo cuando estos se hacen tan profundos, como si el asfalto te estuviera devorando...
Y creo, que mucho peor resulta, sentir que el paso de los días, y las cosas por hacer, te alejan, más que guardar las ganas en todos los cajones que te rodean. Porque en algún momento, los minutos se hacen devastadores, y acaban por estallar. Y cuando estallan, salen volando por la ventana. Y no son capaces de encontrar el camino de vuelta a casa...

Me gustaría saber si a la distancia, la soporta alguien tomando un café