lunes, 13 de enero de 2014

Por encima de cualquier pero.

No es por no ser sincera, ni porque hace tiempo que descubrí que soy un poco rencorosa y no puedo evitar guardar lo que me ha hecho daño. No voy a decirte que te adoro, porque creo que es un cuento que ya te sabes; que veías mi cara de adoración cuando me leías por las noches; o las malas caras que convertías en sonrisas por las mañanas cuando me tapabas la cara hasta que decidía dejar de hacerme la dormida; la Pantera Rosa por las mañanas cuando te quedabas vagando por casa; o el bocadillo las tardes musicales. Que en mis cartas mentales tus frases se repiten constantemente como si de un disco rallado se tratase, y que nunca me cansaría de tus chistes malos sobre mis sarcasmos de adolescente. Lo que me miro en el espejo por las mañanas es lo que has hecho de mi a base de años, de daños, y de chocolate con churros las mañanas de los domingos. Que te voy a decir a ti que te ríes cuando me enfado, asegurando que volveré a caer en el mismo agujero de siempre, y siempre vuelves a recogerme cuando vuelvo a decidir que me tengo que levantar. Pero preciosamente por todo lo que se cuenta, y por todas las sonrisas que se guardan en un cajón; busque siempre tus miradas de aceptación como si el mundo se parara si a ti no te parecía bien. Y creo que sigo con mi vicio incansable de volver a ser pequeña, porque entonces era más yo, y tu eras más tú cuando estaba contigo. Pero bueno, dicen que son etapas de la vida.

sábado, 11 de enero de 2014

miércoles, 8 de enero de 2014

El final acaba encontrando su momento.

¿Por qué somos así? Quiero decir, capaces de joder el mundo y en menos de medio minuto resucitarlo sin dejar apenas una triste grieta de lo que fuimos; aunque en realidad, todo el mundo sea capaz de tapar las grietas con cuadros bonitos, y cuando menos te lo esperan el cuadro desaparece y ahí esta la grieta, tan viva como el día que el mundo saltó en mil pedazos o bueno, que tú misma lo saltaste, a la comba, o con una cadena difícil de romper. Nos cargamos todo lo que podemos y jugamos con cosas que no deberíamos. Como cuando eramos pequeños y mamá nos decía : " Con la comida no se juega"  y en ese momento la manzana con la que estabas haciendo malabares caía al suelo y nuestro intento de disimular quedaba tan expuesto que era imposible ignorarlo. Pero así jugamos con todo lo que nos importa, o mentimos diciendo que nos importa, porque nos engañamos a nosotros mismos, por miedo, por angustia y a veces, por soledad y nos quedamos con lo que no nos pertenece. Y lo que nos pertenece esta ahí, vagando por el limbo en busca de tu cerebro, si es que no se perdió entre tanta desilusión y algún que otro tarro de helado de chocolate.
Pero las cosas te duelen tanto como te hacen vibrar otras; pero los finales a veces quieren aparecer en el escenario y les da igual que no les toque actuar, han encontrado el momento y ahí están, brillando como nunca lo habían hecho.