miércoles, 8 de enero de 2014

El final acaba encontrando su momento.

¿Por qué somos así? Quiero decir, capaces de joder el mundo y en menos de medio minuto resucitarlo sin dejar apenas una triste grieta de lo que fuimos; aunque en realidad, todo el mundo sea capaz de tapar las grietas con cuadros bonitos, y cuando menos te lo esperan el cuadro desaparece y ahí esta la grieta, tan viva como el día que el mundo saltó en mil pedazos o bueno, que tú misma lo saltaste, a la comba, o con una cadena difícil de romper. Nos cargamos todo lo que podemos y jugamos con cosas que no deberíamos. Como cuando eramos pequeños y mamá nos decía : " Con la comida no se juega"  y en ese momento la manzana con la que estabas haciendo malabares caía al suelo y nuestro intento de disimular quedaba tan expuesto que era imposible ignorarlo. Pero así jugamos con todo lo que nos importa, o mentimos diciendo que nos importa, porque nos engañamos a nosotros mismos, por miedo, por angustia y a veces, por soledad y nos quedamos con lo que no nos pertenece. Y lo que nos pertenece esta ahí, vagando por el limbo en busca de tu cerebro, si es que no se perdió entre tanta desilusión y algún que otro tarro de helado de chocolate.
Pero las cosas te duelen tanto como te hacen vibrar otras; pero los finales a veces quieren aparecer en el escenario y les da igual que no les toque actuar, han encontrado el momento y ahí están, brillando como nunca lo habían hecho.

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