lunes, 11 de mayo de 2015

UPS

Es posible que ya nadie se acuerde de que me gusta vivir descalza; el tacto del suelo encontrándome las terminaciones nerviosas, una a una, con tranquilidad y sin prisa. Puede que sea por esa manía incansable de sentirlo absolutamente todo, de ir acumulándolo, hasta convertirme poco más que un almacén de sentimientos gigantes que se me quedan grandes a los ojos. Y algo que late no muy lejos de todo esto, y  no tengo muy claro si quiero escucharlo, aunque suene mejor que cualquier sinfonia de Beethoven (y cuidado con esto, que el listón se pone por las nubes); que parece que llega traspasando todo límite permitido, descabalando todo, pero sin mover ningún punto de su sitio, silencioso y pequeño cómo sólo algo así podría serlo. Y cuándo creo que todo lo relacionado con mis gustos y mis colores está claro siempre  llega una nueva tonalidad. Menuda risa forzada; qué encantadora melodía.

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