miércoles, 19 de septiembre de 2012

Escupe que sientes

Cuéntame al oído, de donde salen los miedos,por donde te calan los huesos; quien te dijo que querer no era bueno, que la felicidad era un cuento, que las cosas buenas eran difíciles, que los flechazos existen. Párate un momento a escucharme, a abrazarme sin que haga falta hablar, déjame enterrar mi cara en tus sudaderas, respirarte hondo, encontrar por donde empezar en mi hueco de siempre. Puede que no consiga nada, o que de repente la bombilla lo ilumine todo tan fácil como una vez crei no poder encontrarlo. Así, despacio, sin prisa, sin ganas que esconden sonrisas, cerrando los ojos, contando todas las estrellas del techo que ni siquiera son mias. Las respuestas llegan y las preguntas se callan, abrumadas, desplazadas, avergonzadas del que ya no es su papel en tu cabeza. Cabeza, ideas, sentimientos. ¿Sentimientos? Ah, pero eso ¿no estaba en el corazón? Mierda, otro fallo. Da igual por uno más. Son fallos que no importan, que no queman, que no duelen, que acaban respondiendo, y callando(nos).

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